En un mirador, mide cada paño por separado en tres alturas, registra los ángulos entre caras y decide si buscas continuidad visual o piezas independientes. Deja margen para perfiles, cortinajes existentes y cierres. Unifica cotas tomando como referencia la cara más estrecha y añade holgura de funcionamiento de 5–10 mm por lado. Así evitas rozamientos, aseguras paralelismo y permites que un mismo nivel recorra todo el frente sin saltos antiestéticos.
Para aberturas arqueadas, dibuja una plantilla de cartón siguiendo la curvatura real y marca cuerda, flecha y radio aproximado. Esa guía te permitirá seleccionar rieles flexibles, estores plisados tipo abanico o soluciones segmentadas que respeten molduras. Comprueba asimetrías antiguas midiendo desde un eje vertical central. Considera puntos de apoyo rectos en las jambas para fijaciones adhesivas, manteniendo libre el intradós para que la luz bañe suavemente la bóveda.
En marcos empotrados, la profundidad juega a favor del aislamiento pero complica la maniobrabilidad. Localiza salientes, mosquiteras, rejas y respiraderos. Define la cota de alineación deseada para evitar sombras dobles y choques con manillas. Calcula el retroceso de la tela respecto al borde para que el paso de luz sea controlable. Prevé extensores de cadena, topes silenciosos y espacio para dedos, especialmente cuando la ventana abre hacia adentro con perfiles gruesos.